En toda guerra siempre hay alguien que golpea primero. La publicidad llevaba haciéndolo durante tanto tiempo que los consumidores llegaron a saturarse. Así, de repente, pasaron de recibir con gusto nuestros anuncios a desconfiar cada vez más de las marcas.
Era necesario reaccionar a tiempo para reavivar la llama del mercado publicitario, así que comenzó a gestarse una nueva forma de hacer publicidad: el marketing de guerrilla; un claro ejemplo que confirma aquello de “en tiempos de crisis se agudiza el ingenio”.
Este tipo de acciones centra su efectividad en el medio, usándolo como mensaje en sí. El medio ya no se adapta al mensaje; es el mensaje el que se adapta a él.
El marketing de guerrilla no sólo suaviza los estragos creados por la publicidad convencional, sino que conecta con el público de una manera directa y mucho más económica que el emplazamiento publicitario, llegando a ser incluso más notorio.
Aquí todo vale: una taza puede ser un florero y una parada de autobús puede tener sofá… ¡esto es la guerra!
Por Sandra Chanzá